Sara González Lolo

"Si yo fuera un tío de 27 años que juega al hockey no me preguntarían si quiero ser papá"


Texto: INÉS DOGGIO GARCÍA
Fotos: JOSÉ SIMAL


Tiene 27 años, un palmarés de leyenda y después de once años jugando al hockey en el mismo club, al fin ha logrado un contrato profesional. Su equipo es una referencia en España, un ejemplo de las entidades deportivas que reivindican la igualdad. Pero su sueldo es muy inferior al que cobraría si fuera un hombre. Las cuentas en el deporte femenino no dan para más. Aunque seas campeona de Europa, tener un sueldo la convierte casi en una excepción. Pero no es ninguna sorpresa para Sara González Lolo. Ella creció en una familia trabajadora, humilde y generosa, de padres separados. El recuerdo de su infancia es feliz. Siempre se sintió arropada. Aunque de niña ya notaba las imposiciones de los roles. “Las películas de Disney hicieron mucho daño.







Recuerdo que con 5 años hacíamos teatro y había que disfrazarse de princesas, pero yo quería disfrazarme de Peter Pan. Acabé haciéndolo, pero después de que me preguntaran muchas veces si estaba segura”. Su adolescencia “no fue de lo más normal”. Con 15 años ya jugaba en el primer equipo femenino del Club Patín Gijón Solimar. Y notaba las diferencias. “Era un deporte solo para niños, tuvimos que pedir permiso para competir porque no se contemplaba la posibilidad de un equipo mixto. En una competición nacional, las chicas no pudieron jugar, tuvimos que salir con la mitad del equipo”. Pese a todo, el modesto equipo de La Calzada se convirtió en una referencia nacional del hockey sobre patines. Comenzaron los viajes. “En una época en la que se empieza a hacer planes con amigos y amigas, yo tenía que renunciar a cosas que para mí eran muy importantes para conseguir lo que quería”. Y superar muchas trabas: “El cuerpo cambia, tienes los brazos fuertes, más pectorales que pechos, no estás delgada como una sílfide… Y al mismo tiempo te bombardean. Para una niña, eso es muy difícil. A los 16 años tienes que ser lo suficientemente madura como para decir “me la suda que se rían de mí”. Su equipo “siempre ha peleado para que las mujeres puedan competir”, pero reconoce que ha tenido que superar muchos obstáculos “a los que los hombres no se tienen que enfrentar”.





Perfil

Sara González Lolo
27 años
Jugadora de hockey
Vive en La Calzada, Gijón
Hace tiempo que se emancipó y disfruta de su casa


Nadie puede dudar de que Sara González Lolo ha alcanzado la cima en su deporte. Sin embargo, “aún siendo una afortunada, porque en el resto de los clubes de España no hay contrato, ni salario, ni nada de nada”, su situación está muy lejos de la que disfrutan los deportistas masculinos. “Si fuera un hombre lo tendría todo más fácil estaría cobrando miles de euros”. “En el deporte se sufre mucha discriminación”. La vive todos los días. En su equipo ya están acostumbradas a que les pregunten “dónde está el entrenador”.

“Tuvimos una entrenadora y cuando íbamos con ella siempre le preguntaban al fisio o al delegado si eran nuestro entrenador. Que no se nos pase por la cabeza que podamos tener una entrenadora es un problema”. “No sé ni por dónde empezar a enumerar las desventajas de ser mujer. ¿Te crees que se puede empezar por algún lado? En mis propias carnes lo sufro más en lo deportivo, que es mi profesión. Pero creo que en todas las profesiones las mujeres la sufren”. “En las juntas directivas normalmente son todo hombres. Es raro ver a una mujer. Y lo que suele pasar con esas mujeres es que para elogiarlas les atribuyen cualidades masculinas. ‘Esa tiene unos huevos…’. Llegan tan pocas que a todas las clasifican de la misma manera”.

“Muchísimas veces he tenido miedo de ir sola por la calle”

Sara González Lolo no tiene dudas: “La sociedad en la que nos ha tocado vivir es machista”. Siente que en la carrera de la vida los hombres tienen la pista despejada mientras que para las mujeres es una prueba de obstáculos. Al margen del deporte, no cree que las situaciones que le ha tocado vivir no son muy distintas de las que afrontan la mayor parte de las mujeres. “Casi todas tenemos algo que contar. Por ejemplo, un día iba por la calle y me tocaron el culo. Me dí la vuelta y le dije algo al tío. Me agarró por el cuello y me puso contra la pared. Creí que lo mínimo iba a ser una hostia. Todo quedó ahí, pero no pude ni quejarme”. “Muchas veces también he sentido miedo de miedo de ir sola por la calle y he tenido que cambiarme de acera”. También recuerda “que todos tuvimos una compañera a la que el novio le miraba el móvil y nos parecía normal”.

“No es lo mismo soñar con llegar a un sitio sin tener un camino que tenerlo perfectamente trazado”

Ser una deportista de élite no ha evitado que en muchas ocasiones sienta la “presión social”. “Te sientes incómoda, un sentimiento que no creo que los chicos tengan tan a menudo”. Aunque se considera afortunada por tener en su entorno hombres “que no se creen superiores, lo que me hace vivir tranquila”, en el día a día las situaciones machistas se suceden. “Muchas veces me he encontrado preguntas que me han hecho sentir incómoda. ‘¿Deseas ser mamá?’. Y yo qué sé. ¿Importa? Si yo fuera un tío de 27 años que jugase al hockey sobre patines a nadie se le pasaría por la cabeza preguntarme si quiero ser papá. O que al hacer una foto te manden ponerte en una situación poco natural…”.

Por eso, sostiene que el feminismo es “fundamental, imprescindible”. Sara González Lolo defiende sus ideas sin eludir ningún tema. Considera necesario luchar contra un techo de cristal que tiene cada día ante sus ojos. “Hay ejemplos muy claros. En la plantilla de árbitros hay cinco hombres y una mujer que va a pitar muchos menos partidos y por tanto tendrá mucho más difícil llegar a un determinado nivel porque no está igual de entrenada que ellos. Es una rueda”. Los recursos económicos de las entidades tampoco se reparten de manera equitativa. Para los equipos masculinos es mucho más fácil encontrar un patrocinador. “El 80% de los recursos de un club van para los equipos masculinos”, señala. También cree que queda mucho por hacer en el ámbito familiar. “Las cargas no están bien repartidas todavía, aunque haya muchas personas concienciadas de la importancia de hacerlo. Eso es maravilloso. El problema es que todavía falta muchísimo”. “Las mujeres tenemos por un lado nuestra profesión y por otro lo de casa y la sociedad. Muchas piedrecitas en la mochila que al final pesan”, reconoce.

“A las mujeres que llegan alto siempre se les atribuyen las cualidades de los hombres”

¿La razón? “La sociedad es machista porque el pasado aún tiene un peso muy importante en el presente”. “Las mujeres han sido invisibilizadas siempre. Muchos descubrimientos de grandes científicas y obras de escritoras los firmaban sus maridos. Ellas siempre trabajaban en la sombra. Ahora empiezan a salir más cosas, pero aún así, en los libros de texto la información está claramente sesgada”, advierte. A su juicio, esta educación tiene su efecto en las niñas. “No es lo mismo soñar con llegar a algún sitio que tener tu camino perfectamente trazado”, explica. Por eso cree que necesario cambiar algunos valores que aún imperan en nuestra sociedad, como el concepto “del amor romántico de las películas”. “Eso no existe y no es sano ni para ellas ni para ellos”. Cree que será complicado de cambiar, pero no imposible. Pone un ejemplo: “El otro día una niña de cinco años le preguntó a mi compañero si su pareja era un chico o una chica, o sea, que hay cosas que por suerte parecen estar modificándose”. Otro cambio que considera imprescindible es la eliminación de la brecha salarial. En ese asunto, es contundente: “Se podría eliminar eliminándola. ¿Qué hay que hacer? Pagar lo mismo y ya está”.

Ella no se rinde, ni cree que la batalla esté perdida. Es optimista. “Hay pocas ventajas de ser mujer en la sociedad, pero al menos hemos llegado a un momento en el que somos conscientes de la importancia de pelear por la igualdad. Estamos en un punto en el que vemos que es posible. Sabemos que no va ser mañana ni pasado cuando tengamos las mismas oportunidades o nos respeten lo mismo, pero estamos en el buen camino. Las movilizaciones que se han producido en los últimos años en España lo demuestran”. Sara González Lolo tiene claro cuál es el camino: “No vale que el feminismo solo lo entiendan las mujeres. Tiene que ser una cosa de todos”.




MUJERES REALES

¿Qué opinan las mujeres de su situación? ¿Se sienten víctimas del machismo? ¿Qué cambiarían de la sociedad en la que viven? Diez asturianas relatan su vida desde una perspectiva femenina y dan su opinión. Esta es la realidad como ellas la viven y la sienten